David Robledo

Correo electrónico: david.robledo8@gmail.com

(Medellín 1984)

Realizó sus estudios de pintura en el Taller de Artes de Medellín. Ha participado en exposiciones que han tenido lugar en la galería Julietta Álvarez, Cámara de Comercio de Medellín y La Pascasia. También en Art Medellín y Timebag art show. Las obras incluidas en este número de la revista hacen parte de una muestra próxima a inaugurarse en la Galería Julietta Álvarez, lleva por título Desdorado.

 

 

 

 

 

 

Antileyenda de una pintura

 “Grande y dorado, amigos, es el odio.
Todo lo grande y lo dorado
viene del odio.
El tiempo es odio.”
Eduardo Lizalde

Las obras reunidas en esta exposición representan escenas de La Leyenda Dorada, una colección de relatos de vidas de santos y mártires cristianos que constituye la obra literaria más divulgada en Europa occidental durante la baja edad media y un instrumento de gran influencia en la fundación de la cultura latinoamericana. Aunque la narración del texto es valiosa, el título del libro es impreciso, porque no hay mucho brillo en la aventura de los beatos. Todas las vidas tienden a la agonía, pero las suyas son especialmente proclives a la muerte, que, como oro negro, confiere poder incendiario a su doctrina.

 En estos relatos la muerte no aguarda hasta el final del martirio. El rayo se precipita sobre quienes amenazan al héroe, pero el cielo no dirige su embate a salvar al portador de una palabra sagrada; profiere la violencia sólo para perpetuar su discurso. Es axiomático.  El cielo ataca como una acción de autodefensa, mientras los primeros cristianos se comportan, al menos políticamente, como una guerrilla. Es oportuna una nueva lectura.

 Dicen que Santiago de la Vorágine, autor o compilador inicial, debió inspirarse en las semblanzas de grandes hombres paganos como Pitágoras, Sócrates o Apolonio de Tiana. Ellos son los máximos ejemplos del cuidado sobre sí mismo y de sus expresiones para la formación del hombre civil; el que vive y opera en la sociedad. Pero los mártires de la leyenda, en cambio, renuncian al conocimiento y a la humanidad para buscar a Dios en la soledad. Si bien, la empresa del anacoreta es loable y muchas veces configura un bello relato, es un ejemplo peligroso. Estamos habituados a ubicar demonios en las actitudes de los demás, por eso todos los que van al desierto encuentran primero al diablo.

Apolonio, el hombre a quién más se parece Jesús, viajó a Roma, según sus palabras: “a ver qué especie de animal es un tirano”. Nosotros ya sabemos que no es un dinosaurio, y que cuando despertemos, todavía estará allí. Así mismo, al desamparo de nuestros días sombríos, pero a la luz de mil años que nos separan de los tiempos en que se escribiera La Leyenda Dorada, ya no percibimos el sufrimiento como una bienaventuranza, o el miedo como una virtud teologal. Por eso la búsqueda de Dios no debe desplazar a la filosofía en el camino a la santidad. Es una lección aprendida de San Agustín. El pensamiento racional nos permite entender que, en la desgracia que rodea a los mártires, a cada designio divino le precede un fracaso humano.

El homicidio siempre es una tragedia, acapara el terrible poder de hacer más triste la muerte. Pero el asesinato de activistas, testigos, referentes políticos y líderes indígenas, deposita en nosotros, adicionalmente, la frustración de sabernos una sociedad incapaz.  En la cabeza de nadie que tenga sus ideas en orden, el desastre puede ser interpretado como un triunfo. Esta revisión personal de aventuras de santos y mártires corresponde a la necesidad de ejercitar mi fe en la humanidad antes de que se atrofie. Tal vez en la literatura medieval está la clave para salir del oscurantismo.

Obra publicada en el volumen 15 número 29  de 2018 de Co-herencia

 

En Portada. Erasmo y la invocación del rayo. 2017.  Acrílico sobre lienzo, 170 x 160 cm.

Fuga de San Juan de la Cruz, 2018. Acrílico sobre lienzo, 120 x 240 cm.

Pedro o la insistencia en la madrugada, 2017. Acrílico sobre lienzo, 187,5 x 190 cms.

El valiente Menas asesinado por el gobernador de Antioquía, 2018. Acrílico sobre lienzo, 150 x 300 cm.

 

Video de exposición de 2014.